Hay dos tipos fundamentales de sueño y normalmente pasamos de uno a otro a intervalos de 90 minutos. Al quedarnos dormidos, entramos en una fase de sueño ligero en el que las ondas cerebrales se hacen lentas. Poco a poco vamos cayendo en un sueño profundo, tranquilo, caracterizado por una baja de la temperatura corporal y del pulso. En esta etapa generalmente no se sueña. A los 90 minutos, más o menos, de estar dormidos, la presión arterial, el pulso y la respiración se hacen irregulares, el oído se alerta y los ojos se mueven bajo los párpados de un lado a otro como si estuviéramos viendo una película; lo que pasa es que estamos soñando. Éste es el sueño MOR (movimientos oculares rápidos), REM en inglés, también llamado paradójico porque no es tan tranquilo como se supone que debe ser el sueño; en este momento el cerebro está tan activo como durante el día y emite ondas similares a las de una persona despierta. Normalmente dedicamos al sueño MOR 25% del tiempo que pasamos durmiendo.